Podría llenar habitaciones enteras de letras intentando describir su sonrisa. Sería imposible tratar hacerlo también con sus ojos, que me cuesta hasta saber de qué color son porque me pierdo cada vez que los miro. Pero si puedo contaros que no supe de verdad que era la poesía hasta que no me recorrió a besos para acabar usando mi pecho como almohada. Que ya no me duermo con otra nana que no sean sus latidos. También he aprendido a empezar a echarla de menos y a despertarme poco después de que amanezca y, sin moverme para que no se de cuenta, mirarla hasta quedarme otra vez dormida. Que ya no es el insomnio sino sus caricias lo que ahuyenta al sueño. Y tú que miras de reojo a todo aquel que pase cerca mientras me besas en la calle o en cualquier rincón. Y te enumeraré los sitios donde quiero quererte. Empezando por mi cama y acabando en cualquier parte. Para no salir de mi cuarto, porque no vamos a encontrar lugar más acogedor que ese. Romper hasta el aire que nos separe. Y yo que ya sé reconocer cada una de sus sonrisas porque las he besado todas. Aunque de ella también he aprendido que una sonrisa de verdad se esconde en los ojos y no en los labios. Y ella que me mira como nunca me ha mirado nadie, tiene la sonrisa más bonita del mundo.
Te amo veintitrés. #23
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