Llámame nostalgia por querer tenerte a una edad tan temprana, llámame locura, bipolaridad, esquizofrenia, pero esta noche daría mi vida por conocer la tuya. Dime, ¿Cuántos lunares tiene tu espalda? Quiero deslizarme por cada uno de ellos, dejando un suave rastro de éxtasis que puedan llevarme hacia tu cuello, y una vez allí engañar al lóbulo de tu oreja, haciéndolo mío durante horas. Que poco a poco conozca mi lengua y.. en un descuido, llegar a tu boca. Quiero recorrer tu vientre, tu susurro en mi oreja, quiero plasmar ese sonido en mi tímpano y recordarlo cada vez que tenga que echarte de menos.
Quiero hacer de tus piernas mi propio parque de atracciones, y que suban, y que bajen, y que me hagan sentir que el tiempo y la velocidad tengan tantas ganas como las que yo tengo de tenerte, sea de día o caída la noche. Que las sábanas serán nuestro refugio en los días de lluvia, y de sol, y de viento. Y cada vez que tengas frío, prometo convertirme en tu verano, te podrás bañar en mi playa cada vez que quieras, yo seré tu bandera roja, ese remolino en el agua para sumergirte en el delirio y el morbo más peligroso y adictivo que jamás hayas conocido, la arena que se cuele en cada recoveco de tu cuerpo. A ti, te estoy escribiendo a ti, porque algún día serán tuyas mis manos, mi boca, mis ojos. Y no podré volver a escribir en ningún lugar que no sea tu espalda, jamás querré dejar de mirarte mientras duermes. Y levantarnos con cosquillas, y hacer el café mientras te enciendes un piti, y contarnos los sueños aún medio dormidas, y despertarnos con una ducha en la que vuelvas a hacerme tuya. Y tu, algún día, seras mía. Porque cada vez estoy más cerca, porque fuiste tú la que jugó a buscarme como yo a ti, fueron tus manos las que recorrieron mis piernas, fuiste tú quien me secó las lágrimas en aquel lugar y fuiste tú quien me regaló su mejor sonrisa al verme.
Adoro el color de tus ojos, el tacto de tu piel, las atracciones de tu cuerpo. Tú serás mi montaña rusa y yo la niña que espera en la cola, ansiosa, impaciente y a veces demasiado romántica, pero tú seguirás siendo mi montaña rusa.
Te quiero muchísimo.
Quiero hacer de tus piernas mi propio parque de atracciones, y que suban, y que bajen, y que me hagan sentir que el tiempo y la velocidad tengan tantas ganas como las que yo tengo de tenerte, sea de día o caída la noche. Que las sábanas serán nuestro refugio en los días de lluvia, y de sol, y de viento. Y cada vez que tengas frío, prometo convertirme en tu verano, te podrás bañar en mi playa cada vez que quieras, yo seré tu bandera roja, ese remolino en el agua para sumergirte en el delirio y el morbo más peligroso y adictivo que jamás hayas conocido, la arena que se cuele en cada recoveco de tu cuerpo. A ti, te estoy escribiendo a ti, porque algún día serán tuyas mis manos, mi boca, mis ojos. Y no podré volver a escribir en ningún lugar que no sea tu espalda, jamás querré dejar de mirarte mientras duermes. Y levantarnos con cosquillas, y hacer el café mientras te enciendes un piti, y contarnos los sueños aún medio dormidas, y despertarnos con una ducha en la que vuelvas a hacerme tuya. Y tu, algún día, seras mía. Porque cada vez estoy más cerca, porque fuiste tú la que jugó a buscarme como yo a ti, fueron tus manos las que recorrieron mis piernas, fuiste tú quien me secó las lágrimas en aquel lugar y fuiste tú quien me regaló su mejor sonrisa al verme.
Adoro el color de tus ojos, el tacto de tu piel, las atracciones de tu cuerpo. Tú serás mi montaña rusa y yo la niña que espera en la cola, ansiosa, impaciente y a veces demasiado romántica, pero tú seguirás siendo mi montaña rusa.
Te quiero muchísimo.

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